Ernesto Boesche

ARTES PLÁSTICAS:

Ernesto Boesche: El arte académico al servicio de la enseñanza

Las obras del artista Ernesto Boesche Rizo (88) se exhiben principalmente en la pinacoteca del Banco de Guatemala, en empresas privadas y otras más en colecciones particulares; pero sería osado decir que abundan en el mercado del arte, como galerías y subastas. Una limitación que se ha encargado de crear un halo de misterio sobre sus obras, convirtiéndolas en exclusivas piezas de colección, alejadas del `mainstream´ del arte, donde sobresalen especialmente los retratos a lápiz y algunas pinturas al óleo y crayón, además de ilustraciones.

Es de los últimos pintores guatemaltecos vivos de su generación, dedicado al ejercicio de las artes plásticas desde la academia a partir de 1958, principalmente en la formación de generaciones de artistas en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, ENAP, donde enseñó durante 36 años —ocho de los cuales fue su director—, y desde su estudio en el barrio La Merced, zona 1.

Sentado a la mesa de un bar instalado en el Pasaje Rubio del centro histórico de la ciudad de Guatemala, don Neto —como le llaman sus exalumnos— responde a una variedad de preguntas sobre su historia personal, su quehacer artístico y su más reciente proyecto de investigación; una entrevista que inmediatamente se convierte en una amena y extensa conversación, y que solo interrumpe para devolver el saludo a las personas que caminan por el lugar, y que al reconocerlo se acercan para estrechar su mano, para felicitarlo, y, en ocasiones, hasta para solicitarle una selfi para el recuerdo.

Apenas la semana anterior a esta tarde de cielo despejado de mitad de febrero, lo encontramos hurgando entre los estantes de la feria municipal del libro, instalada en el parque Centenario. Busca allí algunas referencias bibliográficas para completar su proyecto de investigación histórica sobre el baile precolonial del Rabinal Achí, justamente originario del municipio de Rabinal, Baja Verapaz, un tema que lo apasiona y que lo mantiene ocupado desde hace ya algunos meses. Será quizás porque él mismo nació en Salamá, cabecera de ese caluroso departamento del Norte del país, en un mes como este, pero del año 1936.

Concluida la escuela primaria, don Neto se traslada a la ciudad de Guatemala para estudiar en la Escuela Normal Central de Varones, donde obtuvo el título de maestro de educación primaria, para luego estudiar dibujo y pintura en la Escuela Nacional de Artes Plásticas en 1955.

Este mismo año aprovecha una beca de los gobiernos guatemalteco y español y viaja a estudiar a la famosa Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y al Círculo de Bellas Artes de Madrid, España; pero justamente antes de partir recibió un pedido muy especial de su querida madre, quien le recomendó: “Hijo, cuando regreses a Guatemala quiero que me traigas una madrileña…”.

Y cumplió doblemente aquella promesa.

Porque a su regreso de España en 1957, no trajo una, sino dos madrileñas: la primera tejida de seda y finos encajes para que su madre cubriera su cabeza y rostro; y la segunda, pero más importante aún, la madrileña a la que conoció y con quien se casó en aquel país, y con la que procreó cuatro hijos en Guatemala. Ella es doña Esperanza Pedrero Trapero Pardo Calvo de Boesche, nacida en la Villa de Vallecas, Madrid, en la época del franquismo, mujer de una percepción, sensibilidad y memoria prodigiosas; a decir por el lujo de detalles con el que hoy relata hechos significativos de su niñez y adolescencia en aquel lugar…

Diez kilómetros separan Madrid de Vallecas
Caminar y sentir el aroma de la tierra mojada
Los rayos del sol que se cuelan entre las frondosas ramas de los encinos
Y la brisa… sí, la brisa fresca de la primavera que acaricia la piel y se estampa en los recuerdos…

De su estancia en la capital española hay varios hechos que don Neto recuerda con mucho entusiasmo:

En la Academia de San Fernando formó parte de un nutrido grupo de estudiantes de pintura y dibujo de diversas nacionalidades, principalmente de Latinoamérica, Europa y Asia. “En los primeros días de clase —recuerda—, instalados todos en el salón, y dedicados a la pintura que el maestro nos encargó realizar durante la semana, empezó a recorrer los espacios para observar el trabajo de cada uno de los alumnos y darles instrucciones en detalle y en repetidas ocasiones; pero de mi trabajo no decía nada (yo no estaba en su lista de alumnos), yo me preguntaba ¿por qué?, al extremo que llegué a pensar que seguramente no le parecía lo suficientemente bueno”.

“Pero, para satisfacción personal, la duda se despejó cuando al final de la jornada el maestro se dirigió a mí, para decir que mi trabajo era el mejor de la clase…”. Una recompensa en su debut como estudiante en Europa, que lo impulsó a dar lo mejor en su proceso de aprendizaje, y prefiguró significativamente al artista de renombre en el que se convertiría.

Además, lo inspiró el ferviente ambiente artístico madrileño de la época, con pintores consagrados como Salvador Dalí, también exalumno de la entonces Escuela de Bellas Artes de San Fernando, cuya obra conocía y admiraba a través de los libros que le compartía Arturo Cordón, a quien visitaba con un grupo de amigos normalistas en el Callejón del Fino (10ª. avenida “A” de la zona 1).

“Una tarde, caminando hacia la Academia por La Gran Vía de Madrid, vi venir al gran Dalí con su característico porte estilizado y su bigote puntiagudo, y que para entonces ya era reconocido como el más grande representante de la pintura surrealista, y aunque tuve toda la intención de detenerme para saludarlo, no me atreví, porque ganó más mi inseguridad y timidez de juventud”, recuerda don Neto, entre risas.

Finalizada su experiencia de sus estudios de especialización, don Neto vio coronado su esfuerzo con la realización de su primera exposición personal de dibujos y pinturas en el Instituto de Cultura Hispánica de Madrid, en 1957, una muestra a la que asistieron funcionarios de la embajada de Guatemala en España y otras personalidades del mundo de la cultura, entre ellos el escritor guatemalteco Virgilio Rodríguez Macal, algunos de cuyos libros formaron parte del pensum de estudios de los alumnos del nivel secundario en nuestro país, principalmente: Carazamba, La mansión del pájaro serpiente y El mundo del misterio verde, obra ilustrada por don Neto en su primera edición.

Pero volvamos a Guatemala…

A su regreso de España, en 1958 se vincula inmediatamente al campo del arte gráfico mediante la ilustración didáctica de piezas para el área de la salud y la seguridad social. Y años más tarde se dedica al arte gráfico comercial y la fotografía en diversas agencias de publicidad guatemaltecas, como Publitecnia, Publicidad Nacional y Publicidad Centroamericana —donde trabaja con el publicista español Ramón Ávila—; gracias al auge que le brinda al sector la estrategia económica regional del Mercado Común Centroamericano a partir de la década de 1960.

A la vez ha estado vinculado al arte desde distintos ámbitos, como dibujante, retratista y pintor; en la preservación de las tradiciones del país; también en la documentación e investigación del arte plástico y en la promoción cultural y artística, actividades por las cuales ha recibido distintos homenajes, reconocimientos y diplomas tanto a nivel nacional como internacional.

Su actividad como profesor de arte es constante. En junio próximo se celebra la edición número veintisiete del Certamen Anual de Baja Verapaz, un evento en el que colabora activamente para la promoción y descentralización del arte nacional, junto al colectivo Amigos del Arte de la Verapaz, y que impulsa la práctica del dibujo y la pintura entre los artistas nacionales, así como con los niños y jóvenes.

Dibujo a lápiz al aire libre

Don Neto representa la estampa clásica del artista del centro histórico —donde desarrolla buena parte de sus actividades diarias—, lugar que recorre para visitar galerías de arte, museos, bibliotecas y cafés de ocasión, espacios donde encuentra la inspiración para su próxima creación artística, y, en ocasiones, hasta para brindar con una copa junto a sus colegas, exalumnos y amigos de la plástica guatemalteca.

Su habilidad para el retrato al lápiz queda demostrada en agosto durante el Festival del Centro Histórico, ocasión en la que, papel y lápiz en mano, dibuja en vivo la imagen de destacados pintores y escultores del medio, rodeado de estudiantes y público en general que lo acompañan para admirar la calidad y eficiencia de su trazo; unos minutos bastan para completar la fiel imagen de un rostro cuya esencia reside en su expresión, y que sabe plasmar en el papel.

Es una demostración de sus habilidades que realiza frecuentemente para llevar el arte al público citadino y nacional, y para inspirar a las personas, principalmente a los jóvenes y a los niños que visitan el centro de la ciudad, la razón principal de su magisterio en el arte plástico.

Cada uno de sus incontables exalumnos también presume entre su colección de obras de un retrato elaborado por la mano de don Neto, un trabajo que elabora al aire libre y obsequia a cada uno en ocasiones especiales.

Viernes de Dolores en el Portal del Comercio

Como académico y profesor de arte, también comparte sus conocimientos con diversas unidades de la Universidad de San Carlos, USAC —además de algunas universidades privadas—, especialmente con estudiantes de la Escuela Superior de Arte y de la Dirección General de Extensión Universitaria, una forma de acercar y difundir el conocimiento a un público cada vez más amplio.

De ahí deriva su interés hacia diferentes actividades de carácter cultural e histórico como la Huelga de Dolores, evento que gusta de presenciar cada año desde el Portal del Comercio, en compañía de un buen número de sus exalumnos, precisamente junto al local en donde alguna vez el artista español Jaime Sabartés, a principios del siglo XX, acostumbraba a reunirse con un dilecto grupo de artistas guatemaltecos, pintores, escultores y dibujantes precursores del arte moderno en Guatemala a partir del siglo XX, como Rafael Rodríguez Padilla, Yela Günther, Carlos Mérida, Humberto Garavito, Carlos Valenti, Hernán Martínez Sobral, Eduardo de la Riva, además de otros, y el escritor Rafael Arévalo Martínez, algunos de los cuales fundaron la Academia de Bellas Artes en 1920, y que con el tiempo se convertiría en la Escuela Nacional de Artes Plásticas.

Con este grupo de jóvenes e inquietos artistas, Sabartés compartía las últimas noticias del movimiento cultural europeo que se desarrollaba paralelo al nuevo siglo, cuyo artífice era en ese momento su colega y amigo Pablo Picasso, creador esencial junto a Georges Braque, del cubismo vanguardista de la época.

Del pincel a la pluma

Si bien es cierto que Ernesto Boesche es conocido principalmente como retratista, pintor, ilustrador y maestro de arte, su faceta de escritor se manifiesta en diversas publicaciones culturales, folclóricas e históricas, e indudablemente de la historia del arte plástico guatemalteco.

Una primera publicación de la Escuela Nacional de Artes Plásticas que vio la luz en 1994, debe su importancia al hecho que hablar de sus maestros, alumnos y muchos otros sucesos y eventos, es hablar casi enteramente de la historia del arte plástico en Guatemala, un aporte bibliográfico significativo para quien quiera acercarse al estudio de las artes nacionales.

Y una segunda publicación para conmemorar los 100 años de la historia de la ENAP se imprimió en 2023; el mayor registro que hasta hoy se tenga de esta institución fundada en 1920.

Es también de su autoría el estudio de la molienda de la caña y los usos de la panela producidos en Salamá Baja Verapaz, una edición del otrora Centro de Estudios Folclóricos (CEFOL), de la Universidad de San Carlos, hoy CECEG, y así mismo, la síntesis de la historia, tradiciones y cultura de Baja Verapaz, en el libro editado por Bancafé en 2003.

Y sus experiencias personales de vida y profesionales, tanto en su natal Salamá como en el resto de Guatemala y España, quedaron registradas en el libro Canto de Nostalgia (2015), un relato multitemático escrito en prosa poética e ilustrado por una serie de fotografías de hechos significativos de ambos países, una publicación que resume parte de la vida del maestro de escuela convertido en maestro de arte, la del artista consagrado, pero especialmente la vida de un humanista guatemalteco.

Retrato al óleo de la gitana Natalia Castro, trabajo destacado del alumno Ernesto Boesche en 1955, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
Estudio al óleo de Esperanza Pedrero de Boesche. Madrid, (1956).
Vuelta al principio. Pintura al óleo, (1981).
Encrucijada de nostalgia. Óleo, (2017).
Gutenberg, inventor de la imprenta, claroscuro al lápiz para ilustrar la publicación de Flavio Rojas Lima, amigo normalista del maestro Boesche, (2012).
Puerta vieja en San Jerónimo, B. V., dibujo a crayón, (2012).
El maestro Boesche, en el Pasaje Rubio, muestra el libro Centenario de la Escuela Nacional de Artes Plásticas Rafael Rodríguez Padilla, 1920 – 2020, de su autoría; lo acompaña el artista Abel López.
Acto de entrega de la Orden Rafael Rodríguez Padilla a nueve pintores: Elmar Rojas, Manolo Gallardo, Luis Díaz, Ernesto Boesche, Víctor Manuel Aragón, Enrique Anleu Díaz, Ramón Ávila (ausente), Ana María Martínez Sobral y Rodolfo Abularach, reunidos en el año 2017; hoy todos fallecidos, excepto Díaz, Boesche y Ávila.
El maestro Boesche, el Viernes de Dolores, en el Portal del Comercio del Centro Histórico. Primer local desde la 7ª avenida donde el artista español Jaime Sabartés acostumbraba a reunirse a principios del Siglo XX con pintores, dibujantes y escultores guatemaltecos —además de escritores—, que más tarde se convertirían en precursores de lo que hoy llamamos arte moderno guatemalteco.
El maestro Boesche y su esposa Esperanza; Fredy López y el escultor Egidio Líquez.